Al hablar de tecnología de empresa, es sencillo pensar en servidores, redes, almacenamiento en la nube o ciberseguridad. El caso es que existe una parte que es menos visible y que sostiene todo lo demás: hablamos del lugar físico en el que vive este tipo de tecnología.
Hay que tener en cuenta que los racks, armarios técnicos, consolas de control, mesas operativas y sistemas para la gestión de cableado no son solo muebles metálicos. Estamos ante piezas de infraestructura que tienen gran influencia en materia de seguridad, mantenimiento, refrigeración y continuidad del servicio.
Un rack, cuando se elige mal, puede acabar siendo una fuente constante de problemas: cableado que no se puede seguir, equipos que se sobrecalientan, problemas para ampliar la instalación, puertas que no cierran o técnicos que deben desmontar la mitad de la infraestructura para cambiar un switch.
Lo mismo pasa con el mobiliario técnico en las salas de control, laboratorios o centros de operaciones. Se tiene que diseñar pensando en las personas o en los equipos; puede acabar afectando a la productividad y también a la fiabilidad.
Una buena elección no consiste solo en adquirir el armario de mayor tamaño que queda en una sala. Se deben analizar qué equipos van a ser los que se instalen, el peso, el calor que generarán, cómo se alimentarán, el crecimiento esperado y quién va a tener que intervenir sobre estos.
¿Qué es un rack y por qué importa tanto?
Lo primero que debemos saber es que un rack es una estructura que está diseñada y planeada para alojar equipos eléctricos, informáticos o de comunicaciones. Lo normal es que se siga el estándar de 19 pulgadas, que va a permitir la instalación de servidores, routers, switches, paneles de parcheo, sistemas de almacenamiento y demás componentes de varios fabricantes en un formato que sea compatible.
Cabe recordar que un rack no se reduce solo a una serie de perfiles con agujeros. En una instalación que esté bien planteada, lo que hace es organizar los equipos, proteger el acceso físico, facilitar la distribución eléctrica, mantener el cableado ordenado y ayudar a que el aire se dirija para evitar que se produzcan sobrecalentamientos.
En un data center, este tipo de funciones son críticas y en una pequeña oficina marcan la diferencia entre una red que sea de fácil mantenimiento y una instalación que sea caótica.
Rack abierto, mural o armario de suelo
No hay una sola clase de rack. La elección en este sentido va a depender del espacio, del equipo y de las condiciones del entorno.
Un rack abierto es una estructura que no tiene puertas ni paneles laterales. Cuenta con un acceso cómodo y una ventilación adecuada, pudiendo ser útil en salas técnicas controladas, laboratorios o instalaciones en las que se trabaje con los equipos con frecuencia. A cambio, protegerá menos frente a golpes, polvo o accesos no autorizados.
Los racks murales en este caso se fijan a la pared y se usan para equipos de comunicaciones, routers, switches, paneles de parcheo y otros sistemas audiovisuales.
Son bastante adecuados para oficinas pequeñas, comercios, despachos, viviendas que tengan una red avanzada o sitios en los que no haya sitio para un armario de suelo. Antes de optar por ellos, se debe comprobar el peso total admitido y la propia resistencia real del muro.
Este tipo de armarios es la opción ideal cuando tenemos servidores, equipos pesados, más volumen de cableado o previsión de crecimiento.
Una regla general en este sentido es sencilla: cuanto más pesada, crítica, caliente o compleja sea una infraestructura, más sentido tendrá elegir un armario de suelo robusto y que esté bien equipado.
Calor: el enemigo silencioso de la infraestructura
Los equipos informáticos hacen que una parte importante de la energía que consumen pase a ser calor. Un switch pequeño casi no cambia la temperatura en una sala, pero cuando hay varios servidores, un almacenamiento de alta densidad, un SAI o una electrónica de red que sea potente, pueden terminar generando una carga térmica importante.
Muchos de los servidores se han diseñado para tomar aire por la parte central y expulsarlo por la trasera. Es necesario que el rack respete esta dirección. Cuando el aire caliente se acumula detrás del armario, lo que ocurre es que vuelve a entrar por delante o se queda bloqueado por paneles y cables, trabajando a más temperatura los equipos. Esto hace que se reduzca el rendimiento, se acelere el desgaste y aumente el riesgo de que se produzcan fallos.
Las puertas perforadas son de gran ayuda para la circulación del aire. Recuerda que en las instalaciones de mayor tamaño, el diseño de los pasillos fríos y calientes, además de los sistemas de contención, es importante.
Aunque la ventilación activa del rack es útil, no se debe considerar como una solución universal. Los ventiladores en el techo del armario no compensan una sala que esté mal climatizada ni una carga térmica que se haya calculado mal. La refrigeración es necesario que se valore como un sistema completo: equipos, rack, distribución del aire, sensores, sala y climatización.
Cableado: el orden no es solo estética
Los armarios repletos de cables desordenados lo que hacen es transmitir improvisación, pero el problema en este sentido va mucho más allá de la imagen. Los mazos, cuando estén mal organizados, hacen que sean más complicadas las intervenciones, aumentando el riesgo de que haya desconexiones accidentales y puede que se bloquee el paso del aire.
Una buena gestión del cableado comienza antes de que se instale el primero de los latiguillos. Se deben prever recorridos separados para energía y datos, espacio para la fibra óptica. Así como puntos de entrada y las longitudes de cable que sean las más adecuadas.
Alimentación eléctrica: más que una regleta
Dentro del rack, las PDU, o unidades de distribución de energía, son las que se encargan de repartir electricidad a los equipos. Son similares a una regleta, pero no deben tratarse como una regleta doméstica.
La elección contempla la potencia disponible, la clase de conectores, la distribución de fases cuando se aplica, la protección eléctrica y las necesidades de una buena monitorización.
En las instalaciones críticas es habitual trabajar con alimentación redundante A/B. Los servidores cuentan con dos fuentes conectadas a dos circuitos independientes, de tal forma que si se cae una línea, no va a implicar que se detenga el servicio.
Del mismo modo, también es de gran utilidad disponer de PDU que estén monitorizadas o inteligentes cuando sea necesario conocer el consumo por rack, línea o toma.
Dichos datos hacen posible que se detecten las sobrecargas, se planifiquen las ampliaciones y se comprenda qué equipos usan más energía. En un data center, contar con esta visibilidad tiene tanto valor como la propia capacidad eléctrica.
Mobiliario técnico: cuando la tecnología necesita un puesto de trabajo
Los racks son parte de la infraestructura técnica, pero no son el único elemento que merece planificarse. En una sala de control. Un centro de seguridad, una instalación industrial o un laboratorio, las personas trabajan muchas horas con muchos teclados, pantallas, sistemas de comunicación y equipos auxiliares.
El mobiliario técnico responde a dicha realidad. Una mesa convencional es posible que sea válida para un puesto en concreto, pero no necesariamente para otras operaciones.
Un diseño adecuado tiene en cuenta aspectos como la altura del trabajo, la posición de las pantallas, el acceso a los equipos, la posibilidad de crecimiento, la ventilación de los dispositivos integrados y el confort del operador. Desde SIG creen que su apuesta por fabricar soluciones a medida para toda clase de salas de control, laboratorios, tráfico o seguridad, además de armarios adaptados con capacidad de carga y gestión de cableado, es un enfoque que es bastante útil cuando el reto no solo consiste en que se aloje la tecnología, sino que se integre en un entorno profesional en el que funcionen como un solo conjunto.
Data centers: el rack es una pieza de un sistema mayor
En un data center debemos tener claro que no es una habitación con bastantes servidores. Hablamos de una infraestructura que está diseñada para que los servicios tecnológicos continúen funcionando hasta cuando se produzca un problema: una avería de red, un corte eléctrico, una incidencia de temperatura, un fallo de equipo o que sea necesario mantenimiento.
En este tipo de contexto, lo que ocurre es que el rack actúa como una unidad física de organización. Cada armario concentra servidores, red, almacenamiento y distribución eléctrica, pero se tiene que integrar con el diseño de la sala: alimentación, climatización, detección y extinción de incendios, control de accesos, monitorización y conectividad.
El crecimiento es necesario planificarlo desde un principio. El que se llenen todos los racks disponibles puede que parezca eficiente a corto plazo, pero puede dificultar las ampliaciones, limitar el flujo de aire y concentrar mucho riesgo en el mismo punto. Lo mejor es calcular la capacidad futura, dejar un margen de U, potencia y refrigeración y que se defina la distribución lógica por funciones.
Algo que es importante es la accesibilidad. Un rack de gran densidad puede acabar siendo rentable por metro cuadrado, pero cuando no se puede intervenir en él sin riesgos, la densidad ya no es una ventaja.



