Con la llegada del buen tiempo, mucha gente se atreve a introducirse en el submarinismo. Descubrir el fondo marino es algo que nos seduce. Los que practican esta disciplina afirman que es un deporte que engancha. Pero debes partir de que es una actividad que entraña sus riesgos: Y que no la puedes practicar sin adquirir unos conocimientos previos y algo de experiencia. Te contamos lo que necesitas saber sobre el submarinismo.
La impaciencia y la imprudencia son dos rasgos comunes de las personas que se inician en este deporte. Los principiantes que empiezan a sumergirse en el mar tienden a aguantar la respiración en las inmersiones. Como si estuvieran buceando en una piscina. Cuando una de las reglas básicas es mantener una respiración lenta y constante.
Los submarinistas noveles tienden a descender demasiado rápido al fondo marino. Parece como si tuvieran prisa por ver lo que hay allí. Del mismo modo, ascienden con rapidez a la superficie. Sin controlar los diferentes niveles de presión que encuentran en la inmersión y la necesidad de adaptar el cuerpo a ellos. Estos gestos hacen, por ejemplo, que se les taponen los oídos o que les duela la cabeza.
El buzo novato suele moverse con mucha energía debajo del agua. Esto le provoca cansancio y le obliga a consumir más aire del necesario. Una de las leyes del submarinismo es la economía del esfuerzo. Aprender a dosificar las fuerzas para disfrutar de las inmersiones y hacer excursiones subacuáticas más prolongadas.
En fin, toda una serie de malos hábitos que se derivan de la falta de experiencia y de no dominar ciertos conocimientos básicos.
Precisamente de eso te vamos a hablar. De cuestiones elementales que debes conocer antes de introducirte en este apasionante deporte.
Antes de nada debes formarte.
Nos lo dicen los monitores de Prodive Lanzarote, una escuela de submarinismo afincada en esta isla canaria que imparte cursos para todos los niveles. No puedes sumergirte en aguas abiertas sin tener una formación básica.
El curso básico de submarinismo es el “Scuba Drive SSI”. SSI es una modalidad de buceo en grupo que se practica en línea. Y que es la más segura para practicar este deporte en aguas libres. Entre otras cosas, el submarinista debe aprender a guardar las distancias, a no perder nunca de vista al grupo y a los compañeros, y saber actuar ante las situaciones imprevistas que pueden aparecer durante la inmersión.
Este curso se suele realizar en un entorno controlado y bajo la supervisión de un monitor experimentado. Con la formación adquirida, el alumno está preparado para poder sumergirse en el mar hasta 12 metros de profundidad.
En el submarinismo existen diferentes niveles de complejidad, y es necesario pasar por el nivel inferior para subir al siguiente. No hay atajos. Piensa que bajo el mar no tienes socorristas y que cualquier accidente en mar abierto, si no estás preparado, puede tener consecuencias nefastas.
Según cuentan los instructores, con el curso básico ya tienes la mitad del camino recorrido para pasar al siguiente nivel, el de buceador de aguas abiertas. Un certificado que acredita que ya puedes bucear de manera autónoma hasta una profundidad de 18 metros.
Pasar del curso básico al siguiente nivel tan solo requiere recibir unas clases de teoría, que forman al alumno sobre técnicas y procedimientos de seguridad más avanzados, ponerlos en práctica en un ambiente de aguas confinadas y un par de inmersiones de entrenamiento en aguas libres bajo la supervisión de un instructor.
Algunos buceadores opinan que para avanzar en el submarinismo no hay que tener prisa. Es mejor adquirir experiencia y disfrutar de las posibilidades que te brinda cada nivel.
El equipo básico de buceo.
Según el blog Deepspot, los tres elementos básicos de un submarinista son la máscara, las aletas y el respirador.
La máscara de buceo es un instrumento más complejo que las simples gafas para bucear. La máscara cubre los ojos y la nariz para compensar la presión que se produce bajo el agua. La máscara deba ajustarse bien a la cara, para evitar fugas de agua.
Las aletas son el instrumento que nos va a permitir impulsarnos bajo el agua. Para el submarinismo se utilizan unas aletas más cortas y más rígidas que para la apnea, que es el buceo aguantando la respiración. Estas aletas permiten un mayor control sobre los movimientos que realicemos bajo el agua.
El corazón del equipo es el respirador. Formado por una botella de aire comprimido (que se lleva a la espalda) y un respirador, compuesto por una manguera y una boquilla.
Como hemos visto en el punto anterior, en el submarinismo hay diferentes niveles. A medida que vayamos complicando nuestras inmersiones, necesitaremos un equipo más completo. Un elemento importante de este equipo es el traje de neopreno. El cual nos ayuda a mantener la temperatura corporal y nos protege de las aguas frías con las que nos vamos encontrando a medida que bajamos de profundidad.
El manómetro es otro elemento importante; mide la profundidad en la que nos estamos moviendo. Este medidor se lleva puesto en la muñeca, como si fuera un reloj.
Las boyas de señalización SSB, con su correspondiente carrete, indica en la superficie la zona por la que nos estamos moviendo.
Si buceamos a gran profundidad, además de llevar las botellas de aire comprimido a la espalda, necesitaremos llevar una botella adicional junto al pecho de gas descompresor que nos ayudará a rebajar la presión.
Normas básicas de seguridad.
En el submarinismo la seguridad es primordial. Estas son algunas normas que deben seguir los buzos:
- Nunca bucear solo; siempre hacerlo acompañado o en grupo. El submarinismo es una actividad que requiere apoyo mutuo. Bucear con otra persona permite reaccionar ante cualquier imprevisto, como problemas con el equipo, desorientación, accidentes físicos, etc.
- Ascender y descender de forma lenta, respetando los tiempos. Los cambios de profundidad deben hacerse de forma controlada para evitar problemas relacionados con la presión, como molestias en los oídos o riesgos más serios.
- Igualar la presión de los oídos con frecuencia durante el descenso. A medida que se desciende, la presión aumenta y afecta a los oídos. Igualar de forma frecuente evita dolor de oído y posibles lesiones.
- Revisar siempre el equipo antes de sumergirnos. Una comprobación previa del equipo ayuda a detectar posibles fallos antes de entrar al agua. Esta es una rutina básica que evita muchos problemas durante la inmersión.
- Respetar los límites de profundidad según tu nivel de certificación. Cada nivel de formación tiene unos límites establecidos. El nivel básico, “Scuba Driver”, te permite descender hasta los 12 metros de profundidad, y el siguiente, “Open Wáter Driver” hasta los 18. Superarlos sin la preparación adecuada aumenta el riesgo de sufrir cualquier percance que no pueda controlar el buceador.
- Controlar el consumo de aire y no apurarlo en ningún momento. Es importante vigilar el nivel de aire que queda en la botella y planificar la inmersión para regresar con suficiente reserva. Quedarse sin aire es una situación crítica.
- Realizar siempre la parada de seguridad antes de salir a la superficie. Hacer una breve parada a poca profundidad antes de salir ayuda al cuerpo a adaptarse a los cambios de presión y reduce los riesgos de salud asociados con la descompresión.
- Mantener la calma y evitar movimientos bruscos o innecesarios. El submarinismo requiere tranquilidad. Mantener la calma permite reaccionar mejor ante cualquier imprevisto y ayuda a consumir menos aire.
- Seguir en todo momento las indicaciones del instructor. Especialmente, en las primeras inmersiones es clave, confiar en la experiencia del monitor. Y es que es él quien se responsabiliza de nosotros Sus indicaciones están pensadas para garantizar la seguridad del grupo y de cada uno de los miembros.
La respiración bajo el agua.
Durante la inmersión, la respiración debe ser lenta, profunda, constante y rítmica. La revista Agenda del Mar nos recuerda que cuando estamos buceando nunca debemos contener la respiración. El ritmo de la respiración nos ayuda a mantener la presión. A más de 50 centímetros de profundidad, el tórax del hombre es incapaz de expandirse debido a la presión que ejerce el agua sobre él. El regulador vence esa presión, permitiendo la entrada de aire comprimido en los pulmones. Por lo que detener o contener la respiración es dejar que la presión del agua oprima el pecho. Lo cual puede resultar peligroso, sobre todo a medida que vayamos bajando de profundidad.
La respiración profunda es fundamental, ya que permite que el aire llegue a los bronquios. La parte de los pulmones donde se efectúa el intercambio gaseoso. Donde el aire se descompone, liberando el oxígeno que pasa al torrente sanguíneo y expulsando dióxido de carbono por la boca. Mantener una respiración profunda y lenta previene desmayos y vahídos bajo el agua.
Acompasar la respiración nos ayuda a dosificar el esfuerzo. Bajo el agua tenemos que movernos lentamente para no gastar más energía de la necesaria y no consumir la botella de aire en menos tiempo. El ritmo de la respiración, marcará la velocidad de nuestros movimientos.
Controla la presión.
Aprender a controlar la presión y utilizar técnicas de descompresión es clave en el submarinismo. Por cada 10 metros de profundidad que descendamos, aumenta una atmosfera la presión sobre el cuerpo. Esto hace que se reduzca el volumen de los espacios aéreos como los oídos o los pulmones. Ya que la presión ejerce un efecto de aspiración al vacío sobre estos espacios.
Cada cierto tiempo debemos igualar la presión del cuerpo. Esto se consigue con ejercicios como la maniobra Valsalva, que cosiste en bloquear la salida del aire, cerrando la glotis, y haciendo que el dióxido de carbono salga por las orejas. Es ese ejercicio que hacemos cuando se nos han taponado los oídos.
El blog para viajeros Intrépidos nos habla de la enfermedad des-compresiva o síndrome de descompresión. Cuando estamos sometidos a una presión atmosférica alta, se forman burbujas de nitrógeno en nuestro cuerpo. Si estamos en tierra, el cuerpo expulsa el nitrógeno mediante la expiración, pero bajo el agua, estas burbujas pueden pasar a la sangre. Este síndrome puede crear síntomas como hormigueo en brazos y piernas, dolor de cabeza, mareos o dificultad para respirar.
Lo bueno de esto es que igual que las burbujas de nitrógeno han pasado a la sangre y de ahí, a los órganos y tejidos, pueden expulsarse, pero debe hacerse antes de salir a la superficie. Cada nivel de presión permite expulsar el nitrógeno fuera del cuerpo. Manteniéndonos en ese nivel, el tiempo suficiente como para que el cuerpo se adapte a la presión. Para saber el nivel de presión en el que nos encontramos, podemos partir de la referencia de los 10 metros. Cada 10 metros de profundidad, un nivel.
Una de las técnicas que utilizan los submarinistas es la de permanecer un tiempo a pocos metros de la superficie antes de concluir la inmersión.
Elegir bien el lugar donde bucear.
El submarinismo es una carrera con diferentes niveles de dificultad. No debemos adentrarnos en ambientes para los que no estemos preparados. Debemos tener en cuenta la profundidad de la inmersión. Ya hemos hablado de ello, el certificado básico te prepara para descender 12 metros de profundidad, pero no solo debemos atender a este criterio. La complejidad del entorno marino también es algo que debemos tener en cuenta.
Para las primeras inmersiones se recomienda bucear en espacios con aguas tranquilas y que ofrezcan una buena visibilidad. Los arrecifes cercanos a costas que no tengan mucho oleaje es un lugar indicado.
A medida que vayamos adquiriendo experiencia y tengamos más confianza podemos ir probando escenarios más arriesgados. Como adentrarnos mar a dentro. Eso sí, sin sobrepasar los límites que marca nuestra certificación.
Además de la belleza del fondo marino, este es otro de los atractivos que nos presenta el submarinismo. Y es que se trata de un proceso de superación personal. En el que nos planteamos retos, cada vez más complicados y los superamos. Pero igual que con la respiración bajo el agua, debemos ser cautos y tomárnoslo con tranquilidad, debemos hacer lo mismo con la planificación de nuestras inmersiones.



